Résumé
La evidencia habitual es, según el criterio tradicional cartesiano, la experiencia de lo distinto y claro. Baumgarten sostiene (y los análisis fenomenológicos lo confirman) que la experiencia estética es una experiencia de lo distinto y oscuro. La distinción remite a la cognoscibilidad y la oscuridad remite a la ausencia de reconocimiento por identificación. La clave de tal caracterización, que parece paradójica, radica en que, en el nivel originario en el que se produce la experiencia estética, su indeterminación evidente tiene dos caras: la oscuridad debida a la riqueza de la máxima concreción que alberga y el rigor del reconocimiento que tiene lugar en tal nivel pese a la ausencia de identidad del material oscuro; siendo este un rigor superior al que se da en el estrato de lo claro y distinto (la misma argumentación podría utilizarse mutatis mutandis en el caso de la física cuántica).

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