Resumen
La lectura de este singular libro ha despertado, y aun arrancado, de aquel fondo de imágenes cinematográficas que guarda el cerebro, una fila multicolor de escenas que de niño me fascinaban y me hacían soñar con mundos exóticos y maravillosos, sentado allí, en mi particular Paraíso: Gleen Ford pistolero, maquinista o tahúr; Sofía Loren, de quien los más cercanos a las sacristías decían que, aunque se arrepintiera, sus pecados nunca podrían ser perdonados; el Zorro, modelo de nuestras peleas simuladas; y sobre todo la visión de mi primer graffiti: «El asesino es Anthony Perkins» que alguien pintarrajeó en las paredes del cine que proyectaba la turbadora Psicosis. Los autores de Escapando de Matrix me invitan a escribir unas líneas a modo de prólogo, que es tanto como invitarme a poner unas palabras junto a los títulos de crédito del director y de los protagonistas. Pero ¿cómo pasar del estremecimiento de la imagen ahora recordada y revivida al concepto, a la palabra o, si se quiere, al guión? Habrá que hacer caso quizá al Mozart que reflejó Milos Forman en Amadeus, que ya sabía que lo importante es el principio y que «el resto es sólo cuestión de garabatear ». Podría entonces comenzar con alguna alabanza a las excelencias de los autores, aunque enseguida caigo en la cuenta de que este sentimiento está ya implícito en el momento de aceptar su invitación. Podría quizá hacer una llamada de atención sobre lo sugerente del tema, pero en este caso es...
Citas
Peter Sloterdik, Normas para el parque humano, Siruela, Madrid, 2000.
Antonio Regalado, Calderón. Los orígenes de la modernidad es la España del Siglo de Oro, Destino, Barcelona, 1995.
Eugenio Trías, Lógica del límite, Destino, Barcelona, 1991, pág. 211.

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