Résumé
La filosofía, como un océano, contiene múltiples y polémicos sentidos. La metáfora de la filosofía como océano, o sea el continente de profundidades y de superficies inmensas y vivas, nos evoca que la mar contiene rutas cartográficas, descubrimientos y esfericidades; que el inmenso Ponto es separador de tierras ignotas, extrañas entre sí, y que contiene abisales regiones a donde sólo algunos arriesgados descienden; pero nos recuerda también su oleaje, su acariciadora influencia sobre la piel y la tranquilidad del ánimo. El oleaje es, recordemos, la parte del océano que llega a todos, al hombre terrestre que viene a asomarse a la frontera del mar.

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