Resumen
Muchos procedimientos artísticos contemporáneos pretenden ser subversivos. Critican el “orden establecido”. Sin embargo, constata uno innegables similitudes entre algunos de estos procedimientos y los métodos neo-liberales, y ello al extremo de que filósofos cuya común alergia a la despolitización posmoderna es conocida, como Rancière o Castoriadis, no dudan en denunciar dichas prácticas como falsamente subversivas.
Forman parte de quienes, siendo relativamente pocos o, cuando menos, poco escuchados, ponen sobre el tapete, con renovados bríos, algunas viejas cuestiones: “si el arte hace política, ¿acaso sigue siendo arte?”, o también, “si el arte pretende consistir en una experiencia estética ¿pierde entonces toda capacidad crítica?”. Sus análisis, que presentan notables convergencias con una corriente contemporánea de la fenomenología (aun cuando en absoluto se reclamen de la misma) muestran a las claras cómo estas cuestiones descansan sobre particiones conceptuales perfectamente inoperantes. Este artículo aborda, en especial, una forma de concebir el arte que evita el abocamiento a falsas alternativas (arte puro / arte comprometido etc…).

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