Resumen
En1 nuestra época de indiferenciación simbólica universal, donde todas las cosas humanas tienden a estar niveladas por la máquina ciega de la “rentabilidad”, y por tanto a ser traídas a la abstracción del concepto, se hace más que nunca necesario recordar que, como todas las lenguas, las herramientas, los mitos o las “representaciones”, la casa y el habitar constituyen un inmenso enigma antropológico. Ya que nunca y en ninguna parte encontraremos al hombre saliendo desnudo de los “brazos” de la naturaleza, o que por todas partes y desde siempre, el enigma del hombre consiste en el hecho de que es, de un extremo al otro, desde antes del nacimiento y hasta la muerte, a través de todos los episodios de su vida, un “animal simbólico”, un ser de cultura - la cultura estaba, como hoy lo está, en vías de descomposición o hundimiento. Así, según una abstracción muy propia de nuestro tiempo, nos gustaría “deducir” la casa y el hábitat de las “necesidades” elementales (protegerse de las intemperies, acomodar un espacio privado, etc.), necesidades inventadas evidentemente ad hoc, a posteriori y de acuerdo con las necesidades mismas de la “explicación”. Basta un mínimo de información antropológica para darse cuenta de que casa y hábitat son (o han sido) de una extraordinaria diversidad, y que esto mismo no puede comprenderse a partir de la diversidad geográfica y climática – a pesar de sí ser posible, con frecuencia, discernir los “condicionantes” locales (por ejemplo la inclinación de las cubiertas o la amplitud de las aperturas, el acceso al agua, etc.) Casa y hábitat son ya tipos de invariantes ideales en relación a la multitud de casos concretos

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0.
Derechos de autor 2026 Eikasia Filosofia
